El efecto inflacionista del alquiler turístico para el precio del arrendamiento de las viviendas en España está probado para el 100 por cien de los expertos, pero todavía son pocos los que conceden relevancia al impacto de la precariedad del empleo. Al margen de considerarla como un impedimento para la compra, existe otra lectura colateral: “la baja capacidad de ahorro de los jóvenes y la elevada temporalidad de los contratos” -según apuntillan desde Bankia Estudios- obliga a muchos inquilinos a compartir vivienda de alquiler y permite a los arrendadores subir los precios al ofertar las casas por habitaciones. | Más noticias en la revista digital gratuita elEconomista Inversión.

Las cifras son demoledoras. Mientras los precios de los alquileres se vienen incrementando a ritmo de doble dígito en las grandes capitales españolas -donde se concentra la mayor parte del empleo-, la remuneración que perciben los trabajadores en el conjunto del país sufre una parálisis que va camino de convertirse en crónica: el coste salarial por hora efectiva lleva congelado entre los 14 y los 15 euros desde 2009, según el INE, lo que provoca que compartir piso sea una obligación para muchos.